El 70 aniversario de China teñido de sangre

por Cristina Font

La China moderna está de celebración. Este año, hace ya 70 años que los comunistas liderados por Mao Zedong anunciaban el inicio de la República Popular de la China, mientras que los nacionalistas encabezados por Chiang Kai-shek recibían cobijo en la isla de Formosa o, más comúnmente conocida como República de Taiwan. 

Todos los noticieros del mundo han hecho eco del gran desfile militar con 15.000 efectivos, 160 aviones de combate, 580 vehículos y misiles. Además de la presencia de civiles, banderas y fuegos artificiales. Pero, ¿para quién es realmente la ceremonia? Y, más importante, ¿es ésta una celebración feliz?

Celebrando el 70 aniversario de la República Popular de China

China tiene mucho que celebrar. Cualquiera que haya visitado el país más de una vez, se habrá dado cuenta que es difícil reconocerla en la siguiente visita. Su desarrollo económico ha comportado una mejora de las infraestructuras comunicativas y de las zonas urbanas. 

Durante estos 70 años en los que China ha estado bajo la visión del Partido Comunista y sus líderes ha pasado por una serie de fases, valores ideológicos y consecuentes políticas. Durante los tres primeros decenios, el país se convirtió en una maltrecha ratita de laboratorio con el desastroso “Gran Salto Adelante” y la “Revolución Cultural”. Aunque la hambruna llegó a muchos de los hogares y de las aldeas colectivas, no todo fue negativo, ya que se logró establecer las redes eléctricas locales y nacionales, además de fortalecer la capacidad industrial nacional y la calidad de su capital humano también mejoró. 

En esta primera fase, desde 1949 hasta 1979, no sólo aumentó la tasa de alfabetización (de 20% al 66%), sino que también aumentó la esperanza de vida (de los 41 a los 64 años).  

A raíz de la muerte de Mao Zedong, empieza una segunda fase con la entrada en escena de Deng Xiaoping y de su política de las “cuatro reformas y apertura económica” en el 1979. Con ella, el Partido Comunista acepta como buenas las ‘características capitalistas’ y las aplica como nuevas ‘herramientas’ para desarrollar su pensamiento socialista. De esta época es la célebre y conocida frase de Deng Xiaoping: “Da igual que el gato sea negro o blanco, lo importante es que cace ratones

不管黑猫白猫,捉到老鼠就是好猫

邓小平

Esta segunda fase se extiende hasta día de hoy, cuando el presidente actual Xi Jinping tiene en mente y agenda dirigir a China hacia la tercera fase o, en sus propias palabras, hacia el ‘rejuvenecimiento nacional’, con el objetivo de situar a China en lo más alto de la esfera internacional, aunque para ello sea necesario la ‘reunificación de todos los territorios chinos’. 

¿Para quién es la celebración del 1 de Octubre?¿Qué mensaje se envía?

Mientras en Hong Kong, a 1.971 kilómetros de distancia de Pekín, las armas de fuego se usaban para disparar a jóvenes protestantes e hiriéndoles, en la capital éstas eran usadas para demostrar el gran poder militar y de defensa del país. El Ejército Popular de Liberación sacaba pecho con la muestra de misiles, tanques ligeros, aviones, submarinos y lanzacohetes entre otros artefactos. 

Un desfile militar de tales envergaduras envia un claro mensaje a quien lo esté observando: China tiene la habilidad, año tras año, de aumentar su capacidad militar, tanto de defensa como de ataque y  ya sea a corta o a larga distancia. Un mensaje que queda claro tanto para EEUU como para Europa y sus vecinos regionales. No obstante, ¿no es esto contraproducente? 

Si la idea fuera enviar ese mensaje al exterior, se entendería que las confrontaciones en el mar del Sur de China más la guerra comercial con EEUU hagan necesario “mostrar los dientes amistosamente”. Pero, tal acción contradice el objetivo de Pekín de lograr transmitir una imagen positiva  y pacífica de su ascenso en la esfera internacional. 

Por lo que, es de esperar que su principal objetivo sea el de dar una dosis extra de entusiasmo nacionalista y patriótico en el ámbito doméstico más que tranquilizar los miedos externos. Un mensaje en positivo de unión, fuerza, nacionalismo y patriotismo para ambos lados de sus fronteras, ¿no nos indicará que existen miedos propios?

El esqueleto en el armario chino

A nivel interno, la desaceleración económica empezó mucho antes que Donald Trump entrara en escena. Pekín ya no puede repetir el milagro del gran crecimiento económico ya que sus principales ingredientes eran una mano de obra barata y multitudinaria, una rápida urbanización, una fuerte inversión en infraestructura y la apertura económica. 

Desde hace años, el mercado chino requiere de fuertes reformas estructurales pero éstas no se llevan a cabo ya que tendrían un efecto directo en las grandes empresas estatales, las cuales son el núcleo del llamado ‘sistema de mercado con características chinas’. A unas características económicas que no se ajustan con la situación actual hay que añadirles los problemas sociales como son la desigualdad económica, la deficiencia por la lucha por una mayor igualdad efectiva y los problemas medioambientales y de salud pública. 

El contexto internacional no es mucho mejor: una guerra comercial demasiado larga, las tensiones con los países vecinos, la discrepancia política con Taiwan e insurrecciones en Hong Kong. ¿Tales problemas tienen solución?

Los problemas heredados

Estos últimos meses vivimos una escalada de las hostilidades, pero los conflictos diplomáticos con EEUU, Taiwán y Hong Kong no surgieron recientemente sino que son heredados. 

La división entre la China continental y Taiwan empezó ya con el fin de la guerra civil en el 1949 y, más específicamente, el problema está estrechamente ligado con la figura de Mao Zedong. El antiguo líder comunista tenía planeado la invasión de Taiwan una vez que los nacionalistas fueron expulsados del territorio continental. 

Su plan se constituía de dos partes: primero se les quería debilitar desde adentro hacia afuera, para después llevar más efectivamente la invasión. En 1950, no obstante, se produjo la guerra  entre las dos Coreas, lo que hizo que EEUU apareciera en escena. El presidente Truman no sólo implicó su país en la defensa de Corea del Sur, sino que también ordenó a la marina detener cualquier ataque invasor de China hacia Taiwan. Desde entonces hasta el día de hoy, Taiwan ha estado bajo la protección del paraguas americano. Factor que muy bien ha usado Donald Trump en su guerra comercial contra Xi Jinping. 

EEUU y China siempre han permanecido en bandos distintos; primero a causa de la guerra fría y sus dos bloques y, actualmente, por su pertenencia a regiones distintas con valores también distintos. La ‘vía Asiática’ (Asian Way) se yuxtapone a los ‘valores Occidentales’. 

El tercer dilema heredado es Hong Kong. La fórmula de “un país y dos sistemas” inventada a finales de los años noventa está empezando a fallar. Las protestas continuadas en Hong Kong empiezan a constituir la nueva norma. Aunque es de pensar que la desobediencia civil es la consecuencia de un malestar social generalizado, el gobierno chino ha señalado en varias ocasiones que la intromisión de las fuerzas externas son las culpables de las acciones de los manifestantes, entendiéndose estas como la presión mediática y política por parte de EEUU. ¿Podrá el sistema del Partido Único superar tales dilemas?

El partido comunista y el talante de Xi Jinping

La supervivencia a largo plazo del régimen comunista requiere de superar  los citados conflictos heredados. Aunque no haya una fecha objetiva de caducidad para tales sistemas políticos, la República Popular de la China está llegando a la máxima longevidad de los regímenes uni-partidistas, ejemplo de ello es el Partido Revolucionario Institucional de México que estuvo en el poder por 71 años (1929-2000) y el Partido Comunista de la Antigua Unión Soviética que gobernó por  74 años (1917-1991). 

La depresión de la actividad económica, el agravamiento de la resistencia popular a las prácticas del partido y el aumento de los costes de seguridad nacional son los síntomas de la afección que sufre el régimen. Existe una desconexión entre su modo de gobernar la nación con las necesidades de ésta. 

A las características del régimen hay que sumarle las de sus dirigentes. Se observa una evolución casi lineal en el carácter de los líderes de la moderna China y en su manejo del régimen. Mientras que Mao Zedong, quién tuvo una imagen grandilocuente de su liderazgo, nombrado entre otros títulos como ‘el Gran Maestro’, los siguientes dirigentes mantuvieron un perfil mucho más bajo y no intentaron construir esa imagen de grandeza a su persona. Deng Xiaoping fue un pragmático que impulsó la modernización y  la apertura del país. A él le siguió el tecnócrata Jiang Zemin, quien a su vez continuó reformando el sistema y haciendo crecer económicamente a China. Después llegó Hu Jintao quien prosiguió con las reformas pero se centró más en el ‘crecimiento harmonioso’ y en el bienestar social. 

Si Deng Xiaoping, Jiang Zemin y Hu Jintao ponían el acento en el ‘liderazgo colectivo’, esto cambió con Xi Jinping, ya que éste fortaleció su autoridad personal desde su elección a finales del 2012. En el 2016, el ‘núcleo’ del liderazgo del partido recayó en su persona y la constitución también fue enmendada, aboliendo el límite de solo dos mandatos, para que pudiera gobernar hasta que las fuerzas le abandonen. 

Hay dos fechas cruciales en la agenda de Xi Jinping y de China: el 2021 y el 2049, el centenario del Partido Comunista y de la República Popular, respectivamente. Este 70 aniversario ya ha sido ensombrecido sobretodo con los disturbios en Hong Kong y con el derrame de sangre de sus jóvenes. Si Xi Jinping quiere que  el Partido pueda celebrar ambos centenarios deberá dar respuesta a las aspiraciones emocionales de todos los ciudadanos en sus distintos territorios chinos, ser más sensible con la opinión pública y, más que nunca tener como prioridad el bienestar social de todos. 

La legitimación del Partido y del sistema político recaen enteramente sobre los hombros de Xi Jinping. Cuando éste maniobró para poder albergar más poder, la responsabilidad total consecuente también recayó en él. A ello, hay que sumarle unos conflictos heredados que a priori parecen no tener solución. Si la problemática no se redirige, presenciaremos la jubilación del régimen. 

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