¿TERMINARÁ LA ERA DE TRUMP CON UN IMPEACHMENT?

Por Cristina Font

Los amantes de la señora Jessica Fletcher están de enhorabuena, ya que “se ha escrito un crimen” y de aparatosas consecuencias para más de uno. Todos los elementos para una buena trama ya están sobre la mesa, yo de ti, prepararía palomitas y manta. 

El principal sospechoso es el presidente americano Donald Trump y los “crímenes” cometidos han sido tres: la violación del juramento prestado al tomar posesión del cargo, la vulneración de la seguridad nacional y la injerencia en el proceso electoral americano. El escenario de los crímenes  es el establecido por las relaciones bilaterales entre EEUU y Ucrania o, más específicamente, entre el presidente Trump y su homólogo ucraniano Zelensky. La gran víctima de Trump ha sido la Democracia estadounidense y el buen funcionamiento de sus instituciones y sistema electoral. 

Para muchos americanos y, sobretodo, demócratas, no es la primera vez que se comete un crimen en contra de las instituciones americanas por parte de la administración Trump o de su líder, prueba de ello, son las acusaciones de interferencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016. A diferencia del caso anterior, esta vez si hay una prueba “visiblemente” condenatoria. La pistola humeante de este caso es la conversación telefónica entre Trump y Zelensky el 25 de Julio, en la que el primero le pedía que le hicieran “un favor” y se abrieran investigaciones hacia el ex vicepresidente Joe Baiden y su hijo. 

Pero ésta no ha sido una única conversación, sino que ha habido otras y, es más, ya sale a la luz que éste es el patrón de comportamiento habitual seguido por Trump que  se repite con otros líderes mundiales, como es  con el gobierno australiano. 

Los más cercanos al presidente americano, conocen bien sus técnicas persuasoras, ese dejar caer las cosas sin nombrarlas explícitamente en la conversación. Este hecho junto a su ego es lo que ha permitido a los demócratas obtener la transcripción de susodicha conversación. 

Poco importa si Trump fue o no explícito en su demanda a Zelensky cuando es fácil trazar una línea entre la conversación y la suspensión del pago de 391 millones de dólares en ayuda militar a Kiev por esas mismas fechas por parte del presidente americano. Que junto a sus propias palabras “vuestra economía va a ir mejor de lo que yo predije”, lo dejan bastante claro. 

Según Trump, los demócratas siguen recelosos de su victoria en las urnas de 2016, por lo que éste es solo un episodio más de su “caza de brujas” hacia su persona. Cierto es que lo están, pero desde antes de pisar la Casa Blanca, Trump ya les daba razones por las que estarlo. Y, por fin llegó el día, que las oraciones de los legisladores más combativos han sido escuchadas y nada más ni nada menos que por Nancy Pelosi. 

¿Quién es Nancy Pelosi? ¿Debería temblar Trump?

Nancy Pelosi, no solo es la más poderosa del Partido Demócrata, sino que sostiene el máximo poder en la Cámara de los Representantes y, consecuentemente es la tercera autoridad de la democracia americana por detrás del Presidente y Vicepresidente. Ya puede Trump afilar bien su lengua y engrasar sus dedos para teclear más rápidamente en Twitter, porqué si Pelosi entra a formar parte de la trama, ésta ya no será simplemente una batalla más. 

Si el martes 24 de Septiembre, Trump planeaba ensombrecer la Conferencia por el Cambio Climático convocada por el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, con su acto paralelo en la Asamblea General en Nueva York. Éste acabó por recibir de su propia medicina cuando Nancy Pelosi puso en marcha la investigación previa para el impeachment o proceso de destitución contra Donald Trump. 

En la ya no tan corta historia de los Estados Unidos, solo se han juzgado a dos presidentes mediante este procedimiento: Andrew Johnson (1868) y Bill Clinton (1998-1999) y ambos fueron absueltos. Contra Nixon también se aprobó un impeachment pero este dimitió de su cargo en 1974 interrumpiendo así el proceso. 

La Cámara de los Representantes, donde los demócratas son mayoría (235 de 435), abre el proceso, mientras que es el Senado quien lleva a cabo el juicio. En esta segunda Cámara, los republicanos son mayoría (53 de 100), por lo que los demócratas necesitan que 20 republicanos desobedezcan la disciplina de voto y se unan a los demócratas en su pugna por destituir a Trump. 

Ahora bien, ¿terminará la era de Trump con un impeachment?

Aunque no sea directamente, éste puede tener un efecto dominó en el desenlace de su carrera política. Recordemos que se habla del impeachment justo a un año vista de las elecciones presidenciales, por lo que, si bien el Senado puede salvarle, su imagen puede verse perjudicada durante la campaña electoral. 

En el verano del 2020, ambos partidos deben decidir quién será su candidato para las elecciones presidenciales. Trump tiene el derecho de presentarse para la reelección, por lo que si los republicanos lo escogen a él, necesitarán dar una imagen de unión y cerrar filas a su alrededor para protegerle (de allí, que el impeachment tenga unas probabilidades bajas de éxito). No obstante, no hay mejor oportunidad que esta para tirar a las fauces del león a Trump, escoger a un nuevo elegido y con él limpiar la imagen del partido. 

Desde la perspectiva Demócrata, el proceso del impeachment también puede perjudicarles. Como ha demostrado el ejemplo de Bill Clinton, es posible no solo ser absuelto de un impeachment, sino que además la imagen política del candidato se vea reforzada. Si este fuera el caso con Trump, el impeachment le ayudaría a movilizar a sus bases. De hecho, el anuncio del impeachment ya ha hecho que se empiecen a recaudar grandes sumas de dinero por parte de ambos bandos. 

Por otro lado, el impeachment tendrá una víctima colateral: Joe Baiden, quien a fecha actual es uno de los favoritos para las primarias del partido e incluso para las elecciones presidenciales. No obstante, el nombre de Joe Baiden quedará para siempre unido al de Donald Trump a través del impeachment. 

Al igual que hay una víctima colateral, también podría resurgir de ello una “beneficiada colateral”, ésta es Elizabeth Warren, su contrincante y también favorita en las primarias. Además, el actual movimiento feminista de demanda y lucha encarnado por el “#MeToo”, que surgió a partir de las acusaciones de acoso sexual por altos cargos en distintos ámbitos sociales, económicos y culturales, crean el contexto histórico perfecto para que no sólo una candidata demócrata sea la contrincante de Trump en el 2020, sino para vencerle y así curar esa herida que Hilary Clinton dejó abierta en el 2016. 

Sabiendo que el impeachment es una arma de doble filo para ambos partidos, los demócratas quieren que éste se lleve a cabo rápidamente y así no afecte negativamente a sus posibilidades de ganar las elecciones. No obstante, los republicanos querrán retrasar el proceso tanto como sea posible, ya que el votante tiene una visión política a corto plazo y su objetivo será el movilizar a las bases con el pretexto de la “caza de brujas” llevada a cabo por los demócratas. 

Todavía es pronto para saber qué sucederá en los próximos meses, pero bien seguro es que este impeachment da de que hablar hasta el 3 de Noviembre de 2020. 

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