Por Cristina Font

Publicado: Diari Menorca 28/11/2018

Esta semana, las agendas de los gobiernos europeos, americanos y asiáticos se entrelazan. Con motivo de la celebración del G20 el 1 de diciembre en Argentina, el presidente chino Xi Jinping tiene previsto visitar también España, Portugal y Panamá. Como no podría ser de otro modo, Madrid es la primera parada oficial. Según confirma el viceministro de relaciones exteriores, Wang Chao, Xi Jinping será recibido por sus majestades reales Felipe VI y Leticia y asistirá a una cena de gala en el Palacio Real. También mantendrá un encuentro con el presidente Pedro Sánchez y otro  colectivamente con los presidentes de ambas cámaras legislativas, Ana Pastor Julián y Pío García  Escudero.

Este año las relaciones entre España y la República Popular de la China (PRC) cumplen 45 años. No obstante, el descubrimiento de la cohabitación mutua en el planeta fue mucho antes. Ya en el año 1572, de la mano de un monje agustino, Martín de Rada, llegó la primera carta desde Oriente a la corte real castellana hablando de la existencia de un vasto, rico y altamente poblado país llamado China. Nuestro interés por las Filipinas hizo que España no se sintiera atraída por China, por lo que hasta el 1864 no se firmó el primer tratado sino-hispánico que reglamentaba las relaciones entre ambos países.

Durante la dictadura, el sentimiento anticomunista del General Franco hizo que este y Chang Kaishek establecieran lazos de amistad mutua. En 1952 se reanudo oficialmente las relaciones entre ambos países, lo cual fue, desde una visión estratégica, muy beneficiosa: aún siendo vetada su entrada como miembro de la NN.UU, España tenia el apoyo de uno de los miembros del Consejo de Seguridad.

Aunque, el restablecimiento de las relaciones entre la China comunista y EE.UU precipitó un cambio de paradigma internacional que conllevó al aislamiento exterior de Taiwan. En 1973 España y la RPC establecieron su actual lazo diplomático.

Ciertamente, es una relación muy joven, pero aun así está plagada de hitos importantes. De hecho, es bien sabido que los altos dirigentes chinos manifiestan tanto con sus contemporáneos españoles como ante los medios de comunicación que “España es el mejor amigo de China en Europa”. Nuestra amistad, tal vez será corta, pero en todo caso bien profunda. Y eso se debe básicamente a dos cosas: la actitud de España en relación con los sucesos de Tiananmen (1989) y a Juan Antonio  Samaranch.

Tras los sucesos de Tiananmen, el gobierno de Felipe González decidió mantener los créditos y la comisión mixta económica. Además, Francisco Fernández Ordóñez fue el primer ministro de Asuntos Exteriores y SM el Rey el primer jefe de Estado de visitar China. A pesar de la opinión pública negativa, España decidió seguir apoyando a la administración de Deng Xiaoping y su reforma de mercado. Por otro lado, Samaranch fue quien desde el Comité Olímpico Internacional consiguió resolver la disputa entre China y Taiwan con la fórmula de “Taipei Chino”, la misma que hace unos días se puso entredicho en el referéndum taiwanés.

En los últimos años se ha dado un progreso económico importante. La inversión china en España creció de menos de 10 millones de euros por año antes del 2012 a más de 1.600 millones de euros en el 2016. Esta ha sido, principalmente, en agricultura, hostelería y bienes raíces, pero en los últimos años ha comenzado a crecer en áreas más “estratégicas”. En el 2016, las empresas chinas compraron dos empresas de ingeniería españolas y Cosco compró una participación mayoritaria en el mayor operador portuario de España.

Las relaciones comerciales con China no han estado exentas de un fuerte y persistente déficit. Según los datos que maneja el Elcano, la presencia de España en China ha sido sensiblemente inferior a la de otros países europeos. Recientemente, no obstante, ha consolidado una tendencia positiva, así las exportaciones se han cuadriplicado entre 2005 y 2017, pasando de unos 1.500 millones de euros a 6.200 millones, respectivamente. A pesar de ello, a España todavía le queda un largo camino que recorrer, ya que el déficit con China sigue siendo bastante elevado, unos 19.400 millones de euros en 2017, lo que equivale al 78% del total del déficit comercial español.

El presidente chino llegará a Europa con un claro objetivo en mente: que España firme un memorándum de entendimiento bajo la “Iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda” (BRI). No obstante, Mario Esteban, analista senior del Elcano, considera que es poco probable que España esté de acuerdo. El Gobierno mantendrá una posición más cautelar que está en armonía con la visión europea.

A pesar de la desconfianza de Bruselas, el BRI también representa nuevas oportunidades para Europa. En los últimos años, cada estado se ha sumergido en sus propios problemas internos, olvidando así el proyecto en común de la integridad europea. La llegada de un nuevo aliado de la  gobernanza global y el multilateralismo puede ayudar a Europa a restablecer las prioridades en su agenda. Y si, España debería ser portadora de este estandarte a través de la UE y como la UE. Esta semana Sánchez podría protagonizar ese cambio de rumbo político hacia la apertura y la integración.

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