Por Cristina Font Haro

Publicado:  Brupek.com 01/10/2016

Cuando se habla de las relaciones sino-americanas, estas pueden parecer un misterio para muchos. De hecho, desde afuera estas se asemejan a una relación de amor y odio entre dos personajes. Esa percepción no es del todo inequívoca. Cuando se pretende observar la relación establecida entre dos países hay que tener en cuenta que estas se basan en una multitud de decisiones políticas que van más allá de las fronteras estatales, por lo que les otorga un alto grado de complejidad.  De este modo, es posible encontrar un conflicto existente o latente en algunas dimensiones, mientras en otras se da una cooperación casi perfecta.  Esto se debe a los distintos niveles de las relaciones internacionales. La relación sino-americana puede parecer incluso más compleja, dado que ambos son dos ballenas en un mar de peces.

En el plano económico, una de las decisiones de la Administración Americana (primero bajo el gobierno del Presidente George Bush Jr. y continuada por el Presidente Barack Obama) en política económica internacional que está causando más quebraderos de cabeza a la Administración del Presidente Xi Jinping es el “Acuerdo de Asociación Transpacífico” (The Trans-Pacific Partnership Agreement; TPP son sus siglas en inglés).

¿Qué es el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP)?

El TPP es originariamente un acuerdo económico entre Singapur, Chile, Nueva Zelanda y Brunei llevado a cabo en 2004, el cual cambió su naturaleza y patrocinadores una vez Estados Unidos tomó su liderazgo en 2008.  Siete años de negociaciones terminaron el 4 de Febrero de 2016 con la firma del Acuerdo de Asociación Transpacífico entre 12 países (Estados Unidos, Canadá, México, Perú, Chile, Nueva Zelanda, Australia, Malasia, Singapur, Brunei, Vietnam y Japón).  El acuerdo consta de 30 capítulos donde se cubre un abanico de cuestiones comerciales bastante amplio; empezando por la regularización del comercio de bienes y continuando a través de las aduanas y la facilitación del comercio.  Además, los altos estándares del acuerdo vienen marcados por la regularización de políticas domésticas como la contratación pública, el mercado laboral y la protección del medioambiente.

Aunque los 12 miembros del acuerdo representan el 40 por ciento del PIB mundial y el 26 por ciento de todo el comercio mundial, China no es uno de los países miembros y tampoco ha sido invitada a unirse a él. Lo cual, económicamente hablando, podría parecer inusual, dado que China está en el centro de la cadena de suministro asiático, lo que es a su vez la ubica en el corazón de la industria manufacturera global. Con el acuerdo China perdería su posición preponderante en ella, ya que una de las claves del acuerdo es que las exportaciones y/o importaciones solo se podrán dar entre los mismos miembros.

Si bien el acuerdo ya ha sido firmado a principios de este año, todavía no ha sido ratificado, por lo que no ha entrado en vigor. El plazo para la ratificación es de dos años y en caso de que se alcance la fecha límite sin haberse dado esta por parte de los 12 miembros, entonces entrará en vigor después de la ratificación de 6 Estados los cuales juntos representen el 85 por ciento del PIB total de todos los miembros. Consecuentemente, la ratificación por parte de Estados Unidos y Japón son de vital importancia.

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¿Cómo afecta el TPP a China?

Que China no esté presente entre los 12 miembros del TPP no ha sido a causa de un descuido sin malicia, sino todo lo contrario, ha sido una decisión que Estados Unidos ha tomado conscientemente. Como explicaba David Pilling en 2013, detrás de esa medida hay dos motivos principales. Mientras el primero se basa en que los principales miembros (entre ellos Estados Unidos, Japón y los países del ASEAN) quieren excluir a China de los acuerdos, el segundo busca su adhesión en el futuro. El primer motivo se basa en qué el objetivo del TPP es crear un Acuerdo Comercial de elevados estándares, por lo que los países miembros temen que en el supuesto caso que entrara China, ésta, aún habiendo ratificado el acuerdo, no respetaría las normal impuestas por el susodicho documento, como ya pasó en 2001 con su entrada en la Organización Mundial del Comercio (OMC), ya que ésta no le impidió “seguir manipulando el valor de su moneda, manipular sus procedimientos de licitación, canalizar financiación barata para sus grandes empresas de propiedad estatal (SOEs), o incluso, de burlarse sistemáticamente de las normas de propiedad intelectual”.  No obstante, como recuerda Pilling, las economías más avanzadas de hoy en día, llevaron a cabo las mismas pillerías en el pasado, es decir, políticas desenfrenadamente mercantilistas durante sus fases de despegue.

Por otro lado, la exclusión de China no tiene porqué ser permanente, sino más bien temporal, lo que le daría una clara ventaja a Estados Unidos y los restantes 11 miembros sobre China.  Por consiguiente, la segunda motivación del TPP es crear una infraestructura comercial que suponga una opción fuertemente atractiva para que China no pueda resistirse y pida el acceso a ella y así, se vea obligada a aderezar sus políticas domésticas de mercado. Es decir, a través de las normas de ascensión al Acuerdo, los ya países miembros pretenden penalizar China en algunas áreas, como es la baja protección de la propiedad intelectual o los grandes aglomerados de empresas públicas.

El % del total del comercio entre miembros del TPP y China
EL % DEL TOTAL DEL COMERCIO ENTRE MIEMBROS DEL TPP Y CHINA

Desde el interior de las fronteras del gigante amarillo, es también observado con recelo. Aunque el TPP tendrá un claro impacto sobre la economía China, las mayores consecuencias serán perceptibles en el ámbito político. Según argumentaba Wen Jin Yuan en el 2012, la amenaza económica del TPP sobre las futuras exportaciones chinas es marginal, dado que entre los 12 miembros del acuerdo hay distintos niveles de desarrollo económico. Por lo que países como Singapur, Australia o Nueva Zelanda con economías especializadas en la producción de productos de alta tecnología y bienes intermedios, no suponen competencia alguna para China, ya que su especialización es en productos manufacturados de gama baja. No obstante, las economías de Malasia y Vietnam están al mismo nivel de desarrollo que la China, lo que podría causar una relación comercial competitiva entre los tres países. Pero, dado que los dos primeros presentan un excepcionalmente reducido volumen global de comercio en comparación con los niveles chinos, éstos no tienen la capacidad suficiente para suplantarla y adquirir su porción de las exportaciones.

En el plano político, la influencia negativa del TPP sobre China puede ser más severa. Como apuntaba Shen Mingui en 2012, “la implementación del TPP podría atraer a los países miembros del ASEAN y otros aliados de los Estados Unidos en la región del Sudeste de Asia a adoptar una política de favoritismo a los Estados Unidos y así promover su retorno a la región, lo que para China supondría distanciamiento entre ella y esos países, además de ser una amenaza latente a a su maniobra para lograr el liderazgo de la región”.

¿Cuál ha sido la reacción China al TPP?

En la región del Sudeste asiático,  Estados Unidos y China se disputan su liderazgo. Dado que ambos son dos grandes potencias, con una vasto territorio, grandes poblaciones y una economía fuerte,  posicionarse por encima de la otra potencia no es fácil, de allí que la disputa por el trono asiático esté tan reñida. No obstante, la solución reside en la definición del mismo problema; esto se refiere a lo que entendemos por región o, en otras palabras cuáles son las fronteras de ésta. Al contrario de lo que pueda parecer, el diseño regional de las fronteras no es estático sino dinámico. Por lo que mientras una definición de región puede incluir a unos países, otra definición distinta de la misma región podría excluir a esos mismos países antes aceptados como parte de los límites de ésta. De allí, que las fronteras pueden ser modificadas al antojo de las grandes potencias. Por lo que, si la dificultad para China y Estados Unidos reside en la existencia del otro país en la región, entonces, dos definiciones distintas de la región asiática en la que en ambas excluyen al otro potencial líder regional solucionaría el conflicto.

Estados Unidos ha redefinido la región mediante los Acuerdos del TPP, ya que estos excluyen a China. Ante ello, la reacción de su homólogo asiático ha sido patrocinar por su parte otra nueva estructura económica regional: el Partenariado Económico Comprehensivo Regional, PECR (Regional Comprehensive Economic Partnership, RCEP).  El PECR es un TLC entre los miembros del ASEAN+6, (estos son los 10 miembros del ASEAN más China, Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda y la India); además representa el 45 por ciento de la población mundial y alrededor del 40 por ciento del total del comercio global. En la actualidad, China es el mayor contribuyente económico al PECR, junto a Japón (como se puede apreciar, económicamente, Japón es una pieza clave para ambos proyectos regionales).

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No obstante, su característica más interesante para nosotros es que la participación futura en la organización estará limitada solo a aquellos miembros del ASEAN  y a los socios mediante un TLC con la ASEAN, por lo que Estados Unidos tiene el acceso negado al PECR (ni es miembro del ASEAN ni uno de sus socios comerciales).

Una vez ambas estructuras económicas sean ratificadas quedará por ver cuál será el futuro diseño regional. Aunque inicialmente se de una coexistencia medianamente pacífica entre ambos tratados, también podría darse la consolidación entre estos, es decir, que Estados Unidos y la China decidieran unir fuerzas. Este pronóstico es un tanto inverosímil dada la situación actual, por lo que el escenario futuro más probable es aquel en donde uno de ambos tratados adquiere más poder económico y político que el otro, situándole por encima de la otra estructura económica, y adquiriendo a su vez, la capacidad necesaria para volver a redefinir las fronteras de la región.

Fuente: Brupek.com

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