Por Cristina Font Haro

Publicado: Brupek.com 22/03/2017

Este viernes 27 de enero de 2017 el mundo se conmocionaba ante la noticia que el nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, había firmado una orden para suspender todas las acogidas de refugiados durante los próximos 120 días, con el argumento de evitar la entrada de personas radicales o peligrosas. A pesar de nuestra perplejidad, ésta no es una noticia aislada. Desde hace ya más de cinco años que nuestros medios de comunicación se inundan sobre noticias provenientes del Medio Oriente, no obstante, ¿somos realmente conscientes de la tragedia humana que se está dando al otro lado del Mar Mediterráneo?

El conflicto Sirio es conocido como aquél que empezó con un grafiti. Casi seis años hace ya que Siria se sumó a la primavera árabe iniciada en Túnez en el 2010. Pero, poco queda ya de ese escenario donde se dieron las reivindicaciones de una población cansada de sufrir autoritarismo y dificultades económicas. Desde entonces, Siria se encuentra sumida en una caótica y dramática guerra civil con componentes internacionales. Casi medio millón de muertos y cientos de miles de desplazados, y ninguna solución a la vista, es el resultado de este lustro de guerra. El enemigo de los sirios ya es la guerra en sí misma.

Como expone Javier Solana (2014), la guerra en Siria es una manifestación del complejo problema geopolítico que caracteriza a la región y que se define por el enfrentamiento entre suníes y chiís, las dos principales ramas del islam. Es la base del combate latente por el control regional que libran Arabia Saudí (suní) e Irán (chií). Sin embargo, debido a la radicalización de la oposición el conflicto sirio se ha complicado. Al igual que las muñecas rusas, se originan conflictos dentro de si mismo: las filas suníes se dividen entre las menos extremistas y las filiales de Al Qaeda.

Los actores internacionales son también fundamentales para entender el conflicto. El Asad ha contado en todo momento con el apoyo internacional explícito de Rusia y  de Irán. Mientras que, Arabia Saudí, Turquía y Qatar han mantenido por su parte, la misma posición desde el comienzo del conflicto y han apoyado a la oposición suní, mientras que Hizbulah –chií-apoya al régimen.

Occidente comenzó apoyando a la oposición aunque con una estrategia mucho más confusa que Rusia, que sí ha tenido estrategia clara desde el principio. Occidente, en cambio, no: EEUU y la UE se han mantenido titubeantes y sin objetivos claros. La situación se complicó todavía más tras la crisis de Ucrania y la anexión de Crimea por parte de Rusia, dificultando las relaciones entre Occidente y Rusia y dividiendo aún más al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Mientras, Rusia y China se han mantenido de parte del gobierno de Al Asad, Estados Unidos y los países europeos han perseguido el diseño de una paz en donde no se daba la continuación del gobierno. Estas desavenencias entre los miembros del Consejo de Seguridad han implicado que no hubiera una estrategia clara en él, además de vetos constantes ante la aparición de propuestas por parte del “otro bando”.

El conflicto ha evolucionado desde una primera fase esencialmente de conflicto civil a un ámbito más internacional; tanto por la lucha en del poder en el mundo árabe como por la mediación internacional. Por otro lado, la gestión internacional del conflicto ha intentado desde el 2011 lograr un cese al fuego y el establecimiento de conversaciones de paz. La instauración de ambos ha fracasado a lo largo de estos 6 años de conflicto. Aún así, parece ser que de momento se sigue respetando el cese al fuego acordado a finales de año (29 de diciembre de 2016) gracias a la mediación de Rusia y Turquía, lo cual conduce a las negociaciones que se darán esta semana en Astaná.

La tragedia humana en cifras

En el 2016, las víctimas del conflicto ya se contaban por centenares, según la ONU la guerra había terminado con la vida de más de 250.000 sirios. Sin embargo, un informe del Syrian center for Policy Resesarch (SCPR) afirma que los fallecidos son más de 470.000 y los heridos 1,8 millones.

Por otro lado, según la ONU, 13,5 millones de sirios necesitan ayuda humanitaria; el 70% no tiene acceso a agua potable y 4 de cada 5 personas viven en la pobreza.  A esto se le debe sumar que tanto las fuerzas gubernamentales y como las rebeldes, como estrategia de guerra,  han mantenido poblaciones sitiadas sin permitir la entrada de alimentos y se han producido muertes por inanición, como por ejemplo en los campos de refugiados palestinos de Yarmuk y en la ciudad de Madaya. Más de 700.000 personas viven en 15 zonas asediadas (ciudades)  y unos 4,5 millones, en zonas de difícil acceso.

Todo ello, ha provocado que la situación de desarrollo del país haya retrocedido cuatro décadas. La esperanza de vida se ha acortado 15 años (la mitad del personal médico ha huido del país y sólo la mitad de los hospitales siguen operativos, llegándose a bombardear 7 instalaciones de salud en un solo día –según datos proporcionados por UNICEFF), la escolarización de los menores ha caído un 50% y la economía se ha contraído un 40%. Hablando de los menores, éstos son los que sufren más especialmente las daños colaterales del conflicto, ya que una de cada tres escuelas han sido destruidas, dañadas o están siendo usadas como refugio para personas desplazadas. Los menores que han logrado huir del infierno sirio no está mucho mejor, ya que menos de la mitad de ellos están escolarizados. Lo que conlleva consecuencias de por vida para los pequeños, ya que según Barón (2016), se estima en casi 10 millones de euros el total de los ingresos que dejarán de percibir.  Además, los niños tienen más riesgo de ponerse enfermos y han reaparecido enfermedades antes erradicadas como la polio.

Refugiados

El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha confirmado que el número de refugiados sirios se eleva a más de 11 millones de personas, entre los cuales hay más de 2,5 millones de menores de edad refugiados, sin contar además los más de 300.000 niños que han nacido como refugiados desde el inicio de la guerra. Según informaba el periódico El mundo(2013), el organismo además, advirtió que la escasez de fondos es un problema acuciante para atender a esta “hemorragia de población” de Siria, ya que las agencias de socorro que trabajan en este país han recibido menos de la mitad de las contribuciones que se requieren. De los sirios que han huido del fuego del combate, 4,6 millones se han refugiado en otros países y 6,6 millones son desplazados internos, un nivel que sorprendentemente no se alcanzaba desde la II Guerra Mundial. Aunque Europa ha aceptado algunos refugiados, como bien sabemos, a pesar del endurecimiento de las políticas de asilo, los mayores receptores son los países limítrofes como el Líbano, Jordania y Turquía.

Estas pasadas semanas, el drama de los refugiados sirios volvió a la plena actualidad con la llegada de la ola de frío en toda Europa y sobretodo en las islas griegas, donde se han registrado importantes nevadas. A causa del frío del invierno, hay una nueva amenaza que se extiende: 2,5 millones de niños están en riesgo de sufrir hipotermias y graves infecciones respiratorias debido a su ya debilitado estado de salud tras meses de desnutrición y falta de atención médica.

Crímenes de Guerra

Desde marzo del 2011, una comisión de las Naciones Unidas ha estado investigando tanto las supuestas violaciones del derecho internacional humanitario por parte de las fuerzas del gobierno de Al Asad, como los abusos  cometidos por las fuerzas opositoras a éste. La comisión mostró evidencias de que ambos bandos del conflicto cometieron crímenes de guerra, incluyendo secuestros, tortura, asesinato y ejecuciones.

En el 2014, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, exigió mediante una resolución el fin del uso de armas en “zonas donde habitan civiles”. No obstante, activistas que investigación la situación de los crímenes de guerra sobre el terreno, afirman que al menos 6.000 personas han muerto por el efecto de las bombas barril lanzadas por el gobierno sobre zonas controladas por los rebeldes. Por lo que la ONU ha declarado que el ataque deliberado sobre civiles es usado como blanco de guerra, es decir, los ataques sobre la población civil constituyen un crimen.  Además, las Naciones Unidas también culpan a los grupos terroristas como el Estado Islámico (EI) por sus extensas campañas del terror. De hecho, se sabe que el EI aplica como castigo sobre los civiles desobedientes ejecuciones públicas y decapitaciones.

Armas químicas

Las armas químicas también han sido usadas deliberadamente sobre la población civil por parte del gobierno de Al Asad como estrategia para no perder posiciones ante las fuerzas rebeldes.  Antes de que empezara el conflicto en el 2011, ya se tenía constancia de su presencia en el país en posesión del gobierno. Los sirios tenían uno de los mayores arsenales del mundo de armas químicas, entre gas mostaza y sarín. No obstante, el Al Asad insistió en que el arsenal estaba bien protegido y que este nunca sería usado en contra de la población civil propia. Aún así, a principios del 2013, ya se empezó a saber de ataques a la población siria con armas químicas. En agosto de 2013,  cohetes cargados con gas sarín fueron disparados en diversos suburbios del cinturón agrícola de Damasco, lo que mató entre 300 y 1.400 personas, no existen datos verificables. Mientras, tanto desde Occidente como la oposición al gobierno responsabilizan a éste por el ataque; el presidente Al Asad culpa a los rebeldes de las muertes.  Aunque Estados Unidos y Rusia ocupan oposiciones confrontadas en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, aquel mismo año se pusieron de acuerdo para investigar y destruir el arsenal de armas químicas en Siria.

Aún después de que Al Asad eliminara el arsenal de armas químicas de modo permanente, la Organización para Prohibición de Armas Químicas (OPAQ), logró documentar otros ataques con elementos tóxicos como el cloro y el amoniaco. Éstos se llevaron a cabo por parte del gobierno, como ataque en contra blancos rebeldes en el norte del país en el 2014, donde murieron 13 personas.

Fuente: Brupek.com

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